Jugando con nuestros recuerdos

En estos tiempos de tecnología, microchips y videoconsolas la nostalgia invade mi memoria cada vez que recuerdo los años de mi niñez y la multitud de juegos en los que participábamos con apenas cuatro objetos básicos.


Yo fui un niño de barrio urbano, un barrio en el que jugábamos en la calle, una calle empinada por la cual nos deslizábamos en nuestros carros de ruedas (solamente algún privilegiado tenia los hoy conocidos como “skate”) que nosotros mismos hacíamos con maderas de las obras, los rodamientos que algún papa nos conseguía traer de Citroen y una silla vieja de la playa, esto nos entretenía durante un par de semanas mientras diseñábamos el mejor carro para picarnos con los de la calle de al lado, nos retábamos a ver cual de los carros llegaba al final de la cuesta sin caernos por las escaleras que hacían de precipicio-meta.

Otra de nuestras aficiones eran organizar liguillas de fútbol 3 con una pelota algo deshinchada en una cancha pintada con tiza y unas porterías hechas con un par de ladrillos o a veces con unos simples vasos de YOPLAIT.

Los juegos en ocasiones eran algo sexistas, las niñas jugaban entre ellas a la comba, a la goma, pero en ocasiones bajaban antes que nosotros e invadían “nuestra” cancha y se ponían a jugar al brilé, por lo que si queríamos recuperar el terreno de juego teníamos que claudicar y acompañarlas en el juego, utilizando la táctica de tirar la pelota fuerte hasta que se enfadasen y retrocediesen en el terreno donde nosotros pasaríamos a marcar con la tiza nuestras porterías y áreas para reanudar nuestras pachangas. No es una táctica muy legal pero en la guerra todo vale (je,je).

En mi niñez no había móviles ni redes sociales, quedábamos a pleno grito, el primero que bajaba, pegaba un alarido y llamaba a Miguel, o a José, ¿¿bajáis??, nunca se iba la cobertura ni fallaba el wifi a menos que lloviese lo suficiente como para que mama no nos dejase salir a la calle. Otra versión era el “vasófono” que hacíamos con unos vasos de yogurt y un hilo,  por el que nos comunicábamos aunque se oían mas los gritos que pegábamos que por el artilugio pero con ello nos entreteníamos.

A media tarde después del bocata de Nocilla, y una Mirinda, nos deslizábamos furtivamente al quiosco de la  esquina a comprar unos chicles Cheif , o unos Petas Zetas y unos cromos que intercambiamos en la escalera a la vez que les echábamos algún piropo a las adolescentes que pasaban por allí.

Otros juegos eran las tabas, las canicas o los trompos, eran tiempos en que la seguridad infantil se medía en lo grande o morao que tuvieras el chichón que te habías hecho el día anterior, eso indicaba cual era el límite de altura del muro que no se podía rebasar sin riesgo.

¿Cuál es el mejor sistema, el actual o el de antes?, en cuanto a la socialización de los niños yo prefiero el de antes, ahora los niños apenas se relacionan entre sus iguales del barrio, prefieren la consola o el dvd y poco mas, yo a mis vecinos de bloque los conocía a todos, hoy en día apenas conoces al que vive en la puerta de enfrente.

Ahora os toca a vosotros dejar testimonio con vuestros comentarios de los diferentes juegos que practicabais y revivir y compartir con nosotros vuestras vivencias y recuerdos de infancia.

Saludos y hasta pronto.

Cultura y Educación, Vecindad